Los Manantiales

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Renovación para el alma
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miércoles, 29 de octubre de 2008

Doy una mirada a mi pasado y me estremezco

No me preguntes cuantas cimas he alcanzado… Pregúntame en cuantas de ellas he fracasado y como me he sentido…
No me preguntes cuantas veces he llegado a mi empresa, y le he dicho a los empleados… ¡No hay dinero para pagarles!, y lo que es peor aún… ¡Tengo que despedirlos!... Pregúntame… ¿Qué hice para evitar que sucediera?
No me preguntes cuántos logros he alcanzado… Pregúntame que ha pasado cuando una mañana no hubo pan ni vino para compartir con mi familia.
No me preguntes cuánto he hecho en mi vida… Pregúntame cuántas gracias y alegrías he perdido.
No me preguntes cuántas veces he tomado… Pregúntame ¿Qué ha pasado después de tomar?...
No me preguntes cuántos negocios he ganado…Pregúntame… Cuántas deudas no he podido pagar a tiempo.
No me preguntes cuántos libros he leído o estudiado… Pregúntame cuánto conocimiento he compartido con los demás.
No me preguntes cuánto han hecho, otros por mí… Pregúntame qué he hecho yo por otros…
No me preguntes cuántos cigarrillos he fumado en medio de mis angustias… Pregúntame cuánto daño he hecho a mi salud.
No me preguntes si he amado a otra mujer… Pregúntame cuánto he amado a la mía.
No me preguntes cuánto he amado a mis hijos, Pregúntame cuánto he hecho por ellos…
No me preguntes si Colombia está en guerra… Pregúntame qué he hecho para que no lo esté.
Dios mío, solo quiero decirte en todo instante… En vos confío.
Ahora, déjame hacerte tres preguntas:
¿Has tenido fracasos y muchas angustias?
¿Qué has aprendido de ellas? O
¿Aún sigues sumido en ellas?
Autor: Alberto Ortiz Santana (Colombia)

lunes, 20 de octubre de 2008

El Señor nos da sabiduria

Hacía varios años que los cuatro hermanos no estaban juntos y el aire estaba salpicado de risas al compartir con sus familias las anécdotas de la niñez. Los tres hermanos mayores contaban una tras otra, las peripecias y los problemas sufridos por haber compartido la misma habitación. También hablaron de los juegos y las bromas que se hacían y las innumerables peleas que habían tenido de chicos.
Pero nada podía superar las historias de Andrea, la "hermanita menor ".En un momento de la conversación ella dijo: "¿Saben muchachos que yo pensaba que un día todos los gatos se convertirían en perros y que todas las personas nacían siendo mujeres y luego se convertían en varones? Es más, me preguntaba cuándo me iba a convertir en un varón como ustedes. Gracias a Dios que eso nunca ocurrió", afirmó.
De niña, el concepto de Andrea tenía mucho sentido para ella. Tenía tres hermanos varones mayores, no tenía hermanas, por lo que supuso que algún día también ella llegaría a ser varón. Por supuesto que cuando tuvo edad suficiente para comprender mejor las cosas, esta idea desapareció y sólo fue un recuerdo.
Como el crecimiento físico y la madurez se producen sin que los controlemos, cuántas veces seguimos siendo "niños en el modo de pensar " porque, simplemente, decidimos no ejercitar las habilidades mentales para pensar o, porque los problemas que encaramos son muy difíciles. Recordemos que siempre podemos buscar la sabiduría de Dios y su dirección para crecer en nuestro entendimiento de lo que Él quiere para nosotros.
¿Estás dispuesto a aceptar ese reto hoy?
1 Corintios 14:20
Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Lo valioso e importante que eres

“¡Se va a la una… a las dos… se fue!” Habían concluido las ofertas y el martillo del subastador se dejó de oír. La oferta ganadora para una mecedora, estimada de inicio entre $3000 y $5000 fue de $ 453 500.Así había ocurrido durante toda la subasta. Un automóvil usado, valorado entre $ 18 000 y $ 22 000, fue vendido por $ 79 500. Un juego de vasos verdes, tasado en $ 500, se vendió por $38 000. Un collar estimado entre los $500 y $700, fue vendido por $211 500. Por cuatro días consecutivos muchos artículos de valor común y ordinario fueron vendidos por precios exagerados. ¿Por qué? Porque los artículos subastados pertenecían a la herencia de Jacqueline Kennedy Onassis.
¿Cómo estimamos el valor de la cosas? ¿Cómo determinamos lo que es valioso para nosotros? Así como en la venta de la herencia Kennedy, algunas cosas adquieren valor por causa de la persona que las poseía.
Pablo escribió a los Corintios: Porque habéis sido comprados por precio. 1 Corintios 6:20
Pedro escribió: Sabiendo que fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo. 1 Pedro 1:18-19
Pedro y Pablo se referían al precio por nuestros pecados, pagado por Jesús al morir en la cruz. Podemos exagerar el valor de una persona debido a su estado financiero, influencia o su potencial para beneficiarnos. Pudiera también menospreciarse a alguien por poseer pocos bienes o porque en nada pueden ayudarnos.
Sin embargo, las Escrituras nos dicen que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8) Cuando no poseíamos valor alguno y hasta nos oponíamos a Dios, Él pagó el precio para redimir nuestras vidas.
Cada individuo sobre la faz de la tierra es alguien por quien Jesús murió. Debido al inmenso precio de la redención, cada ser humano, sin importar su valor financiero, posee gran importancia.
Cada vez que te sientas deprimido y que no vales nada, medita en lo siguiente: “Dios es quien determina tu valor. Te amó y valoró tanto, que envió a Su Hijo a morir, para que puedas convertirte en uno de sus hijos. ¡Nunca pongas en duda lo valioso e importante que eres!”.
Y Vosotros (sois) de Cristo, y Cristo de vosotros. 1 Corintios 3:23
Alex Arguello

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